Fue una época díficil, me acuerdo porque uno de mis temas en mi reproductor media más usados era lo más fino, de las pastillas. Cabe mencionar que ahora ni me animo a poner ese tema sin que mi cuerpo tiemble y mi mente se encuentre atacada por los recuerdos de aquellos ¿buenos? tiempos. Me acuerdo incluso como empezó esa época que dejo una secuela irreparable en mi.
Salía del colegio a la 1 y acompañada por Tamara, una amiga de esas que se encuentran en pocos lugares del mundo (incluso me atreveria a decir que como ella no hay en ningún lugar del mundo), fui a dar una vuelta manzana. Saque de mi mochila unos Malboro que siempre me acompañaban a donde sea para calmarme y esta vez les tocaba saciar mis nervios debido a lo que mis ojos se vieron obligados a ver. Me senté en una de esas casas que tienen "muritos" y empecé a discutir con Tam (asi le digo yo) sobre porque razón inexplicable la verdad se había presentado tan cruda y cruel ante mi. "Era casi la única manera de que abras los ojos" - replico ella. Pero ¡Mierda! ¿acaso era demasiado poder entender que yo estaba muy feliz con mis ojos "cerrados"? ¿Quién fue el salvaje que dibulgo que a mi se me estaban antojando muchísimas ganas de abrir los ojos?. En fin eso no importaba, porque a nadie le importo si yo tenia o no ganas de abrir los ojos, simplemente me habían presentado la triste realidad como fuera.
Luego de mi vuelta manzana y de fumarme cuatro cigarrillos seguidos Tam me arrebato el paquete de mis Mallboro y amenazó con tirarmelos si no dejaba de fumar.
-Te estas haciendo mierda ¿No te das cuenta?
-Perdoname, pero es mi cuerpo y es la única manera que encuentro, al menos por ahora, de calmarme un poco. Así que hacele un favor a la humanidad y devolvemelos.
-¿Para tanto es?. ¡Un mensaje fue! Nada más. Y no te los voy a dar, porque si le quiero hacer un favor a la humanidad no voy a permitir que sigas contaminando tus pulmones, sin contar que contaminas de los que estan a tu alrededor.
-¿Un mensaje nada más? ¡Tamara como podes decirme eso! Damelos- dije mientras saqué de sus manos con unas muy lindas francesitas mis cigarrillos- la verdad tu falta de comprención hace que me altere más. Si el mensaje "anonimo" que muchas ganas de contestar el telefono no tiene, y mucho menos los mensajes, es verdad se me viene la noche!.
-Yo no te puedo creer, vos y tu tendencia a exagerar todo piba!.- Y si, razón no le faltaba, yo siempre fui de esas que cuando me pasa algo malo, lo veo horrible, pero si el pasa a otra persona, solo trato de sacar a relucir lo bueno que podemos rescatar del problema, pero en fin eso no importa.
Me volví a mi casa enojadisima, con muchísimo olor a tabaco encima, incluso sospeche que mi mamá podía llegar a sospechar de mi adicción a la nicotina, pero no fue así ella no se encontraba en casa, tampoco mi hermana. Llegue a casa, tiré la mochila y abrí la heladera. Como era acostumbrado en casa no había ningun alimento disponible. Así que como e sueño me llamaba agarré la cama y dormí hasta que el otro día me desperto. Si, dormí más de doce horas, pero bueno entiendanme ¡acababa de recibir una noticia horrible!.
Así fue como empezó una época que dejo marcada secuelas en mi vida. Con un día, con una hora, con un mensaje. ¿Qué decía el mensaje? Lo dejo a su criterio, imaginenlo, piensenlo, que podría ser lo peor que pudieran leer en algún mensaje. Ahora cada vez que escucho lo más fino me acuerdo de exactamente ese orden de letras que formaron esas palabras que juntas conformaban una oración de esas que meten miedo, esas que hacen que se te paré el corazón o que en su defecto lata más fuerte.
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