Salí de casa, hacía calor pero había un viento de noche de verano hermoso. La mochila grande a cuestas pesaba (¿imaginaria?).
La certeza de no tener certezas de cuándo vas a volver a cruzar esa puerta es hermoso. Te encantaría, quemar cadenas mirar hacia atrás con una sonrisa y decir "quizá no vuelva"
Pero acá, el barrio te ata. Esas sogas invisibles te hacen volver, ese estudio, ese trabajo te hacen parar.
Aunque quizás no falte mucho para que te decidas, aprendas macramé y vendas pulceritas para dar la vuelta al mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario