NO SOY TU SOLUCIÓN
PERO SÍ UN MEJOR DISFRÁZ!
Y justo pensé, pensé por pensar,
yo que estaba acá,
nena, donde estés
cómo, cómo estás?
Sexy overol
en el restorant,
pero él no te espera,
él no te espera, y no olvidas.
Y ves, que esta tristeza no puede ser
que algo mejor tiene que haber
algo por donde salir a andar.
Dale, dolores no llores,
Servido va tu amor.
uoh uoh uoh servido va tu amor.
Si viene y entra por esa puerta
ay, yo me muero.
No soporta el dolor, le divierte inventar
que vive lejos, en un raro país,
cuando viaja en sueños lo hace sin mí,
cada vez que se aburre de andar
da un salto mortal.
Cuando el sol fatigado se dedica a manchar
de rosa las macetas de mi balcón
juega conmigo al gato y al ratón,
si le pido “quédate un poco más”
se viste y se va.
Cuanto más le doy ella menos me da
Por eso a veces tengo dudas,
¿no será un tal Judas
el que le enseñó a besar?
Nunca me dice ven, siempre se hace esperar,
de noche como un sueño tarda en venir,
dibuja nubes con saliva y carmín,
cobra caro cada abrazo que da,
no acostumbra a fiar.
Cuando gritos de alarma suenan por la ciudad,
cuando los sabios dicen “no hay solución”
ella pretende que hagamos el amor
en una cama de cristal
a orillas del mar.
Yo que siempre traté de aprender a barajar
los naipes al estilo del triunfador,
ahora me veo jugando de farol
mientras su manga esconde un as,
sale siempre a ganar.
Cuanto más le doy ella menos me da,
por eso necesito ayuda,
aunque sea de Judas…
bésame un poco más.









Nunca fui una mujer de muchas películas, de hecho las más famosas e importantes yo no tuve el gusto de verlas. pero desde hace algunos días el ver películas al azar, películas que se encuentran entre las más populares, películas que fueron ganadoras de importantes premios o películas que algún familiar me recomiende se me hizo una rutina.
¿Será pura casualidad que vivo pegada al monitor viendo películas justo ahora que me haces falta?
En los suburbios de la Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre. En Caracas, amigo es mi pana o mi llave: pana poor panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
-Llave, por llave- me dice Mario Bendetti.
Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.